Saturday, February 17, 2007

Hermeto Pascoal


Hermeto Pascoal es una excusa para hablar de los iguales-a-nosotros- mismos. Hace no mucho lo ví a este señor sentado al lado mio en el 41 (el colectivo que hace el trayecto Once -Munro). Estoy seguro de que no se trataba del gran músico brasilero pero sin duda era él, su pelo y su barba eran idénticos, no me podía estar equivocando. Éste que viajaba conmigo no era un hombre robusto como Hermeto sino más bien gordo. Excesivamente gordo diría yo. Su camisa XXL estaba completamente empapada de sudor y todos los movimientos que le vi realizar fueron los necesarios para abrir la ventanilla que permitía la entrada de un aire renovador a ese colectivo colmado de gente en plena hora pico de Bs As. Mientras más lo miraba, sin embargo, más me hacía recordar a Hermeto Pascoal. Sabía que no era él pero la idea de estar viajando en el mismo colectivo con un músico de su talla hacía a un lado cualquier atentado contra mis cholulas imaginaciones. Me había pasado hace poco en el 44 (Belgrano- Barracas) con Miguel Botafogo. Me bastó con verlo más de una vez tomando el colectivo en la misma parada con sus herramientas de trabajo para darmeme cuenta de que no se trataba sino del empleado de una ferretería. Aún así, estos encuentros con gente-que-se-parece-a-otra me han dejado pensando en reiteradas ocasiones. Cada vez que soy presentado ante un grupo de gente desconocida, no sucede muy a menudo pero sucede, alguien reconoce en mí a otra persona, en general, a un amigo o conocido del grupo. A mi primo en cambio, le pasa que le encuentran cara de famoso todo el tiempo. Por momentos es John Cusack, para algunos es Dady Brieva mientras otros aseguran que se trata del mismo John Kerry. No sé a él, olvidé preguntarle, pero a mí estas asociaciones de cuerpo entero me confunden un poco (de "cuerpo entero" porque no dicen "Mirá, tiene los ojos iguales tu hermanito" o "Cuenta los mismos chistes que el portero del edificio del Rulo" sino que te reemplazan directamente por otra persona, X=Vos, sin rodeos). Hasta hace unos días no me caía para nada bien que se me encontraran iguales-a-mí. Sentía que por cada doble mio que se encontraba vagando por ahí yo perdía la mitad de propiedad de aquel rasgo que me caracterizaba y había hecho a alguien acordarse de un igual-a-mí. Mientras más iguales, más sentía que mi identidad se dividía entre desconocidos. Menos dueño de mí mismo me encontraba hasta que llegaron Botafogo y Pascoal. Dos músicos me hicieron comprender que uno tiene iguales-a-uno (o parecidos-a-uno) en el mundo para desparramar aunque sea un poquito de su magia por todas partes. Ellos dos, a través de los cuerpos de dos usuarios del transporte público porteño mantuvieron viva la ilusión en mí de encontrar a personas reconocidas en circunstancias cotidianas de su vida. El hombre del que empecé a hablar, el que ví en el 41, no estaba al tanto de su parecido con Hermeto Pascoal hasta que yo se lo dije. Algún sobrino suyo, incluso, puede ver a Hermeto Pascoal en un foto y reconocer no al músico sino a su tío en la imagen. Tal vez esto haga que se acuerde del tiempo que lleva sin hablarle y lo mueva a llamarlo por teléfono para ver cómo anda. Él le dirá que está con problemas de salud por su excesivo peso, le agradecerá el llamado y le contará, entre otras cosas, que hoy en el colectivo un chico le advirtió su parecido con Hermeto Pascoal. Al finalizar el día, el viejo parecido a Hermeto Pascoal, el sobrino del viejo parecido a Hermeto Pascoal y yo estaremos difrutando de algún tema del gran maestro Hermeto Pascoal.